BONOS VERDES

¿Qué son los bonos verdes?

Antes de comenzar a hablar de los bonos verdes, explicaremos, de forma breve, qué es un bono.  Pues bien, un bono es un instrumento de deuda emitido por una compañía privada o por una administración pública con el objetivo de buscar financiación. En este tipo de productos financieros, el emisor garantiza la devolución del principal invertido, además de unos interese previamente fijados, llamados cupones, y que se cobran en una periodicidad determinada también previamente. 

Una vez explicado lo que es un bono, podemos decir que los bonos verdes son instrumentos de deuda que se utilizan para financiar proyectos calificados como sostenibles y que gozan de las certificaciones pertinentes que garantizan dicha calificación. Entre estos proyectos encontramos los relacionados con reducir la huella de carbono, el reciclaje, protección del medio ambiente, eficiencia energética, o gestión de aguas, entre otros. 

Tras el periodo de pandemia que hemos vivido la inversión en este tipo de productos ha superado una gran prueba. Cada vez más, las inversiones sostenibles se están instaurando en las estrategias de inversión de particulares y profesionales. Climate Bond Initiative es una organización internacional sin ánimo de lucro que se centre en inversore que buscan hacer crecer el mercado de los bonos sobre proyectos sostenibles, y se puede observar cómo en octubre de 2021 se ha sobrepasado los 150.000 millones de dólares en bonos verdes. 

Este mes pasado, veíamos como España completaba la emisión del primer bono verde soberano por importe de 5.000 millones de euros con un plazo de 20 años, un cupón del 1% y donde la demanda fue 12 veces superior. Con esta emisión España se suma a la de otras potencias europeas como Alemania, Francia o Italia. 

Por otro, hemos visto como se aprobó el plan de reestructuración europeo que será dotado de 800.000 millones de euros, y parte de estos fondos se financiará con la emisión de bonos verdes por parte de la Comisión Europea.

Inversión en bonos verdes sostenibles

Los activos de inversión basados en estrategias de inversión sostenible han crecido a un ritmo acelerado en los últimos años. Esta tendencia no da muestras de desaceleración, y tanto Gobiernos como Organismos Internacionales continúan mostrando su apoyo a través de políticas y medidas que conducen a un mundo ético y socialmente más responsable.

La inversión socialmente responsable (ISR) busca cumplir con unos criterios medioambientales, sociales y de gobernanza empresarial (ASG), con el fin de generar rendimientos competitivos en el largo plazo junto con un impacto social positivo. En esta misma línea existen otros activos de inversión algo menos conocidos, los solidarios, los cuales destinan parte de sus comisiones a obras sociales. En Aspain 11 Family Office fuimos pioneros del sector en cuanto a esta materia de inversión, creando el primer vehículo de inversión ético-solidario de España, donde cada año, se realizaban donaciones con la rentabilidad obtenida para fomentar el desarrollo de pueblos desfavorecidos en el tercer mundo. En el siguiente informe, abordaremos la actualidad del universo de la inversión ético-sostenible, sus bases, la tendencia esperada en los próximos años, y su potencial de inversión.

La preocupación medioambiental ha ganado especial relevancia en los últimos años hasta el punto de parecer incluso una “moda social”. Sin embargo, en 1988, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, ya creó el “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático” (IPCC por sus siglas en inglés). El IPCC tiene como objetivo dotar de manera objetiva, clara y neutral, información sobre el estado actual del cambio climático a los responsables políticos y otros sectores interesados. En 2014, publicaría su “Quinto” informe de evaluación, en donde a diferencia de los anteriores, se pondría un mayor énfasis en los efectos socioeconómicos del cambio climático y sus implicaciones para el desarrollo y gestión de riesgos. Este escrito, marcaría un hito importante significando la hoja de ruta para los próximos años en relación al plan de acción sobre finanzas sostenibles.

Un año más tarde, se producirían dos eventos de especial relevancia. La adopción de la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, en donde todos los Estados miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) para alcanzar en quince años. Y la firma del “Acuerdo de París”, en el que 195 países firmaron por primera vez un acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático

El cambio climático y los bonos verdes

Al año siguiente, en 2016, la Comisión Europea (CE) creó el “Grupo de expertos de alto nivel sobre finanzas sostenibles” (HLEG por sus siglas en inglés), compuesto por veinte expertos procedentes de la sociedad civil, el sector financiero, el mundo académico y observadores de instituciones europeas e internacionales, con el objetivo de recomendar a la CE la mejor forma de integrar la sostenibilidad en la política financiera de la UE. Este grupo, publicaría su informe final en 2018, el cual fue utilizado por la CE para elaborar el “Plan de Acción: Financiar el crecimiento sostenible”. El Plan de acción forma parte de los esfuerzos de la Unión de Mercados de Capitales (UMC) por conectar las finanzas con las necesidades específicas de la economía europea en beneficio del planeta y de la sociedad. Una de las medidas más acuciantes de este plan era la creación de un sistema de clasificación de actividades sostenibles común para toda la UE. Es decir, establecer una taxonomía europea que definiera la sostenibilidad en Europa, que fuera lo suficientemente ambiciosa y transparente e, incluso, que se convirtiera en un referente a escala internacional, solucionando así el problema de la multiplicidad de taxonomías o de definiciones sostenibles.

Para ello, con el fin de seguir trabajando en los criterios técnicos de selección y determinar si las actividades contribuyen sustancialmente a uno o varios objetivos sostenibles, la CE creó otro grupo técnico de expertos (TEG, por sus siglas en inglés) en 2018. El resultado final se plasmó en marzo de 2020 a través de un informe final de taxonomía. Esta, detalla qué actividades económicas y bajo qué criterios pueden considerarse sostenibles desde un punto de vista medioambiental, todo alineado con el compromiso de Europa de alcanzar emisiones netas cero en 2050 y mitigar el cambio climático (mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2°C e intentar limitarlo a 1,5°C respecto de los niveles preindustriales, “Acuerdos de París”). Se otorga criterios de sostenibilidad para un total de 70 actividades económicas en sectores que generan más del 93% de las emisiones del viejo continente, diferenciando tres categorías: 

1. Actividades bajas en carbono: actividades que no producen emisiones o lo hacen en niveles muy bajos, como una compañía de energía renovable.

2. Actividades de transición: actividades para las que no existe una alternativa económica o tecnológicamente viable con bajas emisiones de carbono, pero apoyan a la transición ecológica mediante la reducción progresiva de emisiones de gases de efecto invernadero. Como por ejemplo la producción avanzada de cemento con una emisión inferior a un umbral concreto de CO2 por tonelada.

3. Actividades facilitadoras: aquellas que hacen posible que otras actividades puedan realizar una contribución sustancial a uno o varios de los objetivos medioambientales, como la fabricación de turbinas eólicas.

En virtud de este reglamento sobre taxonomía, tanto inversores como empresas deberán informar sobre el desempeño medioambiental de las actividades en las que invierten. En definitiva, estamos ante un punto de inflexión en la historia de la inversión sostenible, con una nueva herramienta que permitirá trazar una trayectoria clara para la inversión hacia actividades con bajas emisiones de carbono. Junto a esto, antes de publicar el informe final sobre taxonomía, en enero de 2020, se estableció el “Plan de Inversiones para el Pacto Verde Europeo”, con el objetivo de movilizar 1 billón de euros en inversiones sostenibles en los próximos diez años. Además, la Unión Europa acordó destinar aproximadamente el 30% de los 750 mil millones correspondientes al fondo de recuperación Next Generation y de los 1,07 billones de euros presupuestados para 2021-2027 a la asignación de proyectos “verdes”. Todos estos hitos, fomentarán sin duda unos vientos de cola favorables para la inversión sostenible en Europa.

Por el lado de Estados Unidos, la llegada de Biden al poder, supone la vuelta de la conciencia por el cambio climático por parte del país norteamericano. Así lo mostró en su primer día al cargo, firmando un decreto para revertir la decisión de Donald Trump tomada en 2017 de abandonar el acuerdo climático alcanzado en París. Recordemos que Estados Unidos fue el primer y único país que se retiró del acuerdo, con su salida oficial a finales de 2020. Junto a esto, Biden mantiene una propuesta en su programa político de “justicia climática y ambiental”, con una inversión federal de 1,7 billones de dólares durante los próximos diez años, y que pretende aprovechar inversiones adicionales estatales, locales y del sector privado, con el objetivo de conseguir más de 5 billones de dólares.

Por lo tanto, vemos como la inversión sostenible y bonos verdes coge cada vez más relevancia y volumen, donde lo veremos integrado en las estrategias de inversión de particulares y profesionales.

Características

Como se ha comentado al inicio, los bonos verdes son iguales que los bonos tradicionales pero par financiar proyectos sostenibles, por lo que las características específicas podríamos determinar las siguientes:

– El fin es financiar proyectos sostenibles que tengan un impacto real en el medio ambiente.

– Deben estar certificados como “sostenibles” por un organismo público, donde las agencias de rating también podrán evaluar las características especiales de los bonos. 

¿Cómo invertir en bonos verdes?

Para invertir en bonos verdes, podemos seguir tres estrategias distintas.

1. Comprar directamente a través de una entidad financiera el bono verde de una compañía privada, o Administración Pública. En esta opción hay que tener en cuenta la características y gastos inherentes a los productos de renta fija, como los cupones, o comisiones de custodia. 

2. Comprar fondos de inversión que invierta únicamente en renta fija sostenible. 

3. Compra de un ETF que replique un índice como el S&P Green Bond, o el Bloomberg Barclays MSCI Global Green Bond Index. 

Rentabilidad de los bonos verdes

Si comparamos la evolución de las rentabilidades obtenidas por el ETF que replica el índice Bloomberg Global Aggregate Bond, con su homólogo de Bonos Verdes, el índice BBG MSCI Global Green Bond, podemos observar que las rentabilidades de ambos son muy parejas, pero superiores las de los Bonos Verdes durante una mayor parte del rango analizado. Sin embargo, los Bonos Verdes, por su sesgo más corporativo y una duración media más larga, tienden a comportarse peor en momentos de volatilidad e incertidumbre como se puede observar en las caídas de 2020, aunque rápidamente recuperaron sus niveles pre-crisis.

BONOS VERDES 4

La selección de Bonos Verdes debe ir motivada, no sólo por las rentabilidades, sino por todos aquellos aspectos que se tienen en cuenta a la hora de seleccionar un producto de renta fija, como duración, emisor, cupón, precio de compra, entre otros. Ya que dependiendo del momento macroeconómico en el que nos encontremos pueden no ser convenientes dado su carácter corporativo y duraciones medias más largas. Actualmente, la oferta de bonos verdes es más limitada que la de los tradicionales, pero, sin duda, van ganando terreno y cada día que pasa crece el interés y las emisiones por este tipo de activos.

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